Durante años fui eco
del sí vacío,
Una afirmación que
brotaba sin raíz en el alma,
Mientras el corazón
gritaba en sosiego,
Y el peso crecía
como sombra en calma.
Hoy aprendo que el no,
es una espada afilada,
Aunque duela el
corte, aunque cueste al camino,
Es ese muro al yo que
tanto callaba,
Una tierra que
fluye, rompiendo el llanto.
No es capricho la
pared que alzo con mi mano,
Una necesidad tejida
en mi ser profundo,
Esa frontera sagrada
contra el huracán,
Donde el alma
respira y se libera.
Si respondo no, debes
de respetarlo,
Pues me cuido a mí
en este acto valiente,
Creando un límite
que abrazo,
Y en su fuerza,
renazco, radiante y presente.
Pues cada uno tiene que llevar su
propia carga.
Gálatas 6:5
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