Una promesa no se olvida,
Se clava hondo en el alma fiel,
No se fractura ante la tormenta,
Ni se negocia con el dolor cruel.
Pesa como cadenas en los pies,
Ata al soldado a su juramento,
Arde como fuego en la noche,
Purifica el camino del tormento.
Pero sostiene cuando todo tambalea,
Es una raíz firme en suelo movedizo,
Levanta al caído, alumbra la senda,
Grito eterno de un voto preciso.
Porque el peso de la declaración es celestial,
Es lo único que mantiene en pie al guerrero,
En la contienda, día a día o en su cruz,
Le da alas para no desvanecer.
Baste con decir claramente “sí” o “no”. Pues lo que se aparta de esto, es malo.
Mateo 5:37
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