En la penumbra de
este corazón herido,
Donde las sombras andan
sin piedad,
Tu voz susurra en un
eco olvidado,
Ese hilo que no se
quebrará.
Lágrimas que caen
como lluvia en la noche,
Recuerdos que queman,
fantasmas al acecho,
Pero el pulso late, audaz
y tenaz,
En el vacío, tu luz
no se extingue.
Heridas abiertas y
promesas rotas,
El mundo da vueltas
en su cruel espiral,
Pero, aun así,
levanto la mirada rota,
Porque tu espectro me
llama de vuelta.
Tu nombre en el
silencio que grita,
Amo lo que duele, lo
que no se va,
Una llama tenue en la
tormenta infinita,
Persisto, insisto y existo,
por ti.
El Señor está cerca, para salvar
a los que tienen el corazón hecho pedazos y han perdido la esperanza.
Salmos 34:18
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