Hay diálogos que no buscan respuestas,
Sino cavar en la tierra del silencio,
Levantar sombras que el tiempo enterró,
Y dejar el alma con su nuevo fuego.
Palabras que rozan como vientos errantes,
Encienden brasas bajo cenizas frías,
No piden retorno, solo un pulso oculto,
Que late fuerte en la quietud herida.
Cuando nadie vuelve por ti,
Aprendes el arte de tus pasos solitarios,
En una noche vasta, sin faros ni guías,
Te forjas en el vacío callado.
Y de ahí empieza la verdadera luchar,
La del regreso propio, sin cadenas ajenas,
Donde el alma manda su propio destino,
Y el silencio grita en su eterna victoria.
"¡Ríndanse! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Yo estoy por encima de las naciones! ¡Yo estoy por encima de toda la tierra!"
Salmos 46:10
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