Claro que se puede
avanzar,
Aunque los días
pesen como yunques en el pecho,
Caminar con el fardo
de sombras a cuestas,
Y la existencia
hecha trizas en el sendero.
Te lo susurra quien
saborea el café en el sereno,
Con el alma
deshilachada en rasgones ocultos,
Que ahogó gritos en
la garganta muda,
Y dejó rodar
frustración tras puertas cerradas.
Soportó los dedos
acusadores como dagas,
Silencios que queman
más que el fuego abierto,
Aprendiendo a tejer
fuerza de las grietas,
Donde el dolor forja
un nuevo andar.
Sí, se puede luchar
por el propio latido,
Resistir aun cuando
el alma ruega por rendirse,
Renacer del lodo con
alas invisibles,
Porque en el poder
late la victoria eterna.
Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no
nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos.
Gálatas 6:9
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