Bajan las luces que queman la piel sin piedad,
El vacío de un alma que grita en silencio,
Pero el eco de un sonido nos arrastra ya,
Y el fuego del pecho renace en el viento.
Máscaras rotas, el dolor se disfraza,
En la arena del circo, la lucha es real,
Sombras que bailan, la noche se engalana,
Con hilos de gloria que no van a ceder.
Mar de dudas que moja el escenario,
Voces que divagan, pero alzan la voz,
El trueno del bajo rompe el sudario,
Y el alma guerrera despierta feroz.
¡Que el show continúe!
No hay fin en la pista, ni pausa en el latir,
Con manos al cielo, el mito se enciende,
Hay que avanzar y seguir.
Así, aunque llenos de problemas, no estamos sin salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos persiguen, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos destruyen.
2 Corintios 4:8-9
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